domingo, 9 de octubre de 2016

DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

 1ª Parte
LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA




1. ¿Qué es la DSI?



La DSI es un patrimonio de enseñanzas  que se organizan  sistemáticamente:  es un cuerpo de enseñanza elaborada en el seno de la Iglesia, como respuesta histórica a los problemas económicos y sociales. Este patrimonio eclesial de pensamiento y acción se ha ido organizando y reorganizando en los últimos años, a partir de la Encíclica Rerum Novarum de León XIII (1891), bajo el nombre de “Enseñanza Social” o “Doctrina Social de la Iglesia”, como un conjunto de principios de reflexión  de valoración permanente, criterios de juicio y orientaciones para la acción. La DSI abarca  todos  los campos  en los que se desarrolla la convivencia  humana.


La DSI tiene  su fundamento   en  la  dignidad  de  la  persona  humana, haciendo opción preferente  por el pobre (SRS 42) La misión de Jesús y el ejemplo de su vida han dejado claro su compromiso con la dignidad y los derechos  de la persona humana, las necesidades de los más débiles, los más necesitados, las víctimas de la injusticia.


La DSI es parte  esencial de la evangelización. El mensaje social de la Iglesia sólo se hará creíble por  el testimonio de las obras (St.2,14-18) (CA 57); enseñarlo es parte esencial de la fe y de a misión evangelizadora de la Iglesia.


2. ¿Qué no es la DSI?

La DSI no es una doctrina  política  ni una doctrina  económica: La Iglesia no está para sumir un papel de poder,  sino de testimonio  y servicio, le urge el anuncio del Reino de  Dios.

La DSI no es una ideología  o corriente  entre  el capitalismo y el socialismo:  El socialismo y el capitalismo son igualmente responsables de graves injusticias sociales, de métodos  y consecuencias moralmente  rechazables. La DSI no se puede asimilar al programa  de  ningún partido  político, es  esencialmente  teología moral.



3.  ¿Cómo se elabora  y aplica la DSI?: El contenido general  de la
Enseñanza Social de la Iglesia


Las respuestas históricas de la Iglesia a los problemas sociales se elaboran siguiendo la dinámica inductiva del VER - JUZGAR ACTUAR

Ver se trata de percibir la realidad con sensibilidad, porque se trata de cuestiones que afectan a la persona, es ver con preocupación la realidad que tiene rostros  humanos imborrables.

Para  ver  hay  que  percibir  con  la  inteligencia, es  informarse  y  comprender   los problemas, las situaciones de injusticia, sus causas, los factores que las producen,  los mecanismos y las personas que las reproducen.

Para ver hay que analizar en equipo, organizadamente, con la ayuda de las ciencias humanas y sociales, desde distintos puntos de vista, una misma realidad social.

Juzgar: es interpretar  la realidad y distinguir qué es y qué no es proyecto  de Dios sobre  el hombre  y el mundo en la vida concreta  de  las personas,  colectividades y pueblos.

Es iluminar y valorar qué conduce  a la justicia y a la liberación (gracia) y qué a la injusticia, opresión y dominación (“desgracia”)

Para interpretar  la realidad no hay que acomodarse a valores y tendencias sociológicas que sean mayoritariamente contrarias a valores evangélicos, pero tampoco hay que ser neutral. Desde la profesión de fe en Dios Padre Creador  de Vida, la coherencia implica establecer  juicios de  valor a favor de  la vida, por  toda  vida, y en consecuencia en contra de todo aquello que viola y destruye los derechos de la persona.

Actuar: es dar vida, dar existencia concreta  a las elecciones y decisiones coherentes con los valores del Reino de Dios, porque la DSI está orientada a la praxis.

Actuar  es  comprometerse  en  actuaciones  concretas,  es  trabajar  para  eliminar las barreras  de  desigualdades, las estructuras  y los mecanismos de  injusticia; es  crear condiciones, grupos, comunidades, movimientos para influir en la transformación de la sociedad en dirección de la justicia social, la verdad, la libertad y la paz.


4 La DSI nace  del  encuentro del  Evangelio  con  la vida de  los pobres: Origen  de la DSI

La  enseñanza   social  de   la  Iglesia  nació   del   encuentro   del   mensaje evangélico    de   sus  exigencias,   comprendidas   en   el   mandamiento supremo  del amor a Dios y al prójimo, y en la justicia, con los problemas que surgen en la vida de la sociedad.

a) Leer la Palabra de Dios nos urge a estar con los pobres:
El   compromiso  social  de  los  cristianos  no  es  una  novedad  de  último  siglo. Lo heredamos de la larga experiencia del Pueblo de Dios a lo largo de la historia. Un pueblo que vive la religión al servicio de la vida, de la dignidad del trabajador, de la familia, de los derechos fundamentales: “No habrá en tu tierra mujer que aborte” (Ex 23,26); “No explotarás al jornalero humilde y pobre, le darás cada día su salario…No  torcerás el derecho del extranjero” (Dt 25,14-18); “No ofenderás a los pobres: los emigrantes,  lo huérfanos, las viudas” (Ex 22,20-23); “Los pobres  tienen derecho a coger los alimentos que necesiten para matar el hambre” (Dt 23,25)


b) Seguir el mensaje de Jesús nos lleva al encuentro  del necesitado

     Jesús se presenta en medio del pueblo: “Para abrir los ojos a los ciegos, liberar a los oprimidos y decir a los pobres que Dios les ama” (Lc 4, 16-19); Para estar  con  los marginados/as: los niños (Mc 10,1-16); los pecadores públicos (Lc 19,1-10); los enfermos (Lc 13,10-13).

     Jesús  tiene   credibilidad    autoridad    para   dictar   sus  propios principios  y  marcar  el  camino  a  sus seguidores:  Los que  quieran ocupar  puestos  importantes  y hacer  cosas por  los demás (dirigentes, coordinadores…)   tienen  que  servir  y  vivir  con  sencillez,  en  una sociedad  que  discrimina y humilla a  los/as  pobres,  a  los/as  que  no pueden competir (Mc 10, 35-37; 42-43).

       Frente a un mundo  de  desigualdades  y de  miseria,  volcado  en el ganar, gastar y gozar, solo cabe: desacralizar las riquezas (Lc 18, 18-23); compartir  (MC 8,1-9); apasionarse por  la justicia y la solidaridad: dar pan al que tiene hambre, trabajo al inmigrante y al parado; condiciones de vida digna al enfermo, al olvidado en la soledad de la cárcel, de una familia rota, de una sociedad individualista (Mt 25,34-46)


c) La huella histórica de las primeras comunidades  cristianas.

La comunidad de los seguidores de Jesús entiende y vive, desde el primer momento, su compromiso  ante  los problemas  sociales de  manera  singular con  los pobres  y los necesitados.

Las primeras  comunidades cristianas están  formadas por  personas  de  vida sencilla, cuyo distintivo de su valor e importancia no es lo que tienen (Hch 3, 1-9) sino Cristo resucitado, En nombre de Cristo dan la mano al que está caído en el camino, aman al pueblo  y, a partir de su fe, son coherentes  con sus principios:

      Suprimen las barreras  entre  hermanos y cultivan el desprendimiento de los bienes materiales (Hch 2, 44; 4, 32)

      Tiene una especial sensibilidad y preocupación por los pobres, porque a los pobres se les ama con obras y no de boca y con buenas intenciones (Hch 2, 45; 1Jn 3, 17-
18; St 2,14-18))

      Se responsabilizan y se organizan para la distribución y utilización solidaria de los bienes (Hc4, 34-35)

      Se castigan las conductas  de aquellos que intentan  engañar y aparentar  que dan cuando en realidad acumulan insolidariamente (Hch 5, 1- 4)

      Se movilizan en situaciones de  primera  necesidad para mandar ayuda a los que están atrapados en alguna calamidad (Hc 11,27-30; 2Co 8,, 1-15)

      Eligen a algunos bien preparados y llenos del espíritu evangélico para  administrar el dinero, no con mentalidad mercantil y comercial, sino para socorrer a los desatendidos (Hch 6, 1-10)

      Rechazan la obtención de ganancias a cualquier precio, vivir dominados por los proyectos de ganar más y tener más cosas (Sant 4, 13-17)

      Denuncian las riquezas  acumuladas a costa del salario no pagado; la vida de lujo y despilfarro  ante  las quejas de  los  trabajadores  explotados  y la muerte  de  los indefensos (Sant 5, 1-16)

      Corrigen a los que no quieren trabajar y son una carga para los demás, a los que no valoran el trabajo y viven desordenadamente.  (2 Tes 3, 6-12)

      Los cristianos son hombres y mujeres como los demás pero tienen claro lo que es libertad y libertinaje (Gal 5, 13-24)

      Comprenden  que no basta con tener una buena organización, medios económicos, ser expertos  en realidades sociales, etc… si les faltaba el amor les sobraba todo lo demás (1Cor 13, 1-13)


d) Después de la edad antigua:

       A lo largo  de  la Edad Media   sigue  surgiendo, en  medio de  contrastes, una Iglesia servicial y caritativa: Con el rico patrimonio de las primeras comunidades  y  de  los  Santos  Padres,  asistimos  a  la  creación  de  numerosas iniciativas sociales y organizaciones de caridad. Surgen grandes protagonistas en un periodo  de grandes contrastes.  Figuras como  Francisco de Asís, que defiende el modo de vivir de los primeros cristianos y el compartir sobre el atesorar, y Tomas de Aquino que supo incorporar  los temas sociales e integrarlos en el tratado  de la justicia, anteponiendo  el valor de  la justicia y el derecho  a los  necesitados,  al derecho de propiedad de los bienes.

    En los  tiempos  modernos: Hay una Iglesia que  va a seguir manteniendo  su distintivo de caridad y amor  a los pobres  y a los débiles. Globalmente la Iglesia continúa su labor asistencial y caritativa, siendo en la práctica casi el único socorro de los débiles, los oprimidos y los desheredados.

Esta práctica de la caridad operante,  dando respuesta  social a cada problema, ha convertido  a la Iglesia en un canal de distribución de riqueza entre  los pobres. Si bien no llegó a cuestionar el orden social existente, generador de las desigualdades.


5.     Las  encíclicas  sociales:  respuestas  históricas  a  problemas concretos

El Magisterio de la Iglesia ha ido formulando a través de sus documentos sociales una reflexión  orgánica,  aunque  cada  document es  respuesta   histórica  a  problemas concretos,  a través  de los que se han ido tejiendo principios de valor permanente, criterios de juicio y directrices para la acción. Estos principios no han sido formulados orgánicamente  en  un solo  documentos,  sino a lo largo del todo  el proceso  de  la evolución histórica de la doctrina social.

Los documentos sociales llamados Encíclicas (cartas escritas solo por el Papa sobre alguna social de su tiempo y que afecta al mundo)  han sido fundamentales para el proceso de formación de la DSI, aunque hay muchos más, son los siguientes, y se distribuyen  a lo largo de tres grandes etapas:

etapa: De los orígenes hasta la convocatoria del Concilio Vaticano II: Rerum
Novarum (León XIII), Cuadragésimo Anno (Pio XI), La Solemnitá (Pio XII))

etapa: Del discurso inaugural del Cncilio Vaticano II a Juan Pablo II (Mater et Magistra (Juan XXIII), Pacem in Terris (Juan XXIII), Gaudium el Spes (Concilio Vaticano II), Populorum Progressio (Pablo VI), Octogesima Adveniens (Pablo VI), Iustitia in Mundo (Sínodo de Obispos 1971))

 etapa:  el  periodo   del  pontificado  de  Juan Pablo  II   marcado  por   una proliferación de documentos  sociales hasta hoy: (Laborem  Excersen,  Sollicitudo Rei Sociales, Centesimus Annus)

ACTIVIDAD 1:

1.      Elabora un proyecto de acción solidaria en favor de los niños más necesitados.

2.      Responde a las siguientes preguntas en parejas:

2.1  Cuál es el propósito de la Doctrina Social de la Iglesia
2.2  Explica por qué la D.S.I. es esencialmente teología moral?
2.3  Con un ejemplo prácico de la vida real, describe la metodología de la D.S.I. (ver – juzgar – actuar)
2.4  Qué de común descubres en la historia de la iglesia (biblia y post biblia) respecto a Dios sobre los pobres?
2.5  Qué son las Encíclicas?
2.6  De qué tratan las Encíclicas?
2.7  Con qué y cómo respondió la Iglesia al problema obrero?
2.8  Con qué y cómo respondió la iglesia al problema de la paz en el mundo?
2.9  Con qué  y cómo respondió la iglesia al problema del desarrollo de las naciones del ercer mundo?         






































Parte
CONTENIDOS DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA




Los contenidos de la DSI están expresados  en Principios.


1.  Principios  generales de la DSI


Se denominan principios generales a todas aquellas orientaciones que son universales, permanentes y constantes.

Los principios originarios son cuatro:

El principio teológico:
Este principio afirma a Dios como  realidad primera  y suprema.  Dios ha creado  el universo y la persona  humana, y él es principio originario con su acción creadora  y providente.   Dios es la causa primera, el fundamento último y la finalidad de toda forma social.

La experiencia religiosa de Dios es a la vez una experiencia de salvación y liberación. Esta fe en Dios como padre de todos desencadena una corriente  de fraternidad, de ahí que el compromiso por la justicia, la paz, el bien común…no es mera sociología sino expresión  concreta  de  la fe en  Dios.  Crear  un  mundo  de  hermanos  supone  un compromiso serio para el/la creyente.

  El principio cristológico:
Jesucristo,  rostro   humano  de  Dios,  al entrar   en  la historia  de  la humanidad ha redimido definitivamente a la persona humana. La fe en la primacía de Cristo nos lleva a la convicción de que todo  lo comunitario, y toda la historia tiene su fundamento y origen en la misión salvífica y liberadora de Jesucristo.

Jesús es la  proclamación de la Buena Noticia a los pobres, la liberación de los oprimidos es referencia obligada en la tarea evangelizadora.

El principio antropológico:
Afirma la primacía total, de la persona por encima de todo el orden material y en todas las formas y ámbitos de la convivencia humana. La dignidad de la persona  humana, “creada a imagen de Dios” implica también un uso responsable de todos los bienes de la creación, y una administración solidaria de  los mismos, para lograr un auténtico humanismo y una justa convivencia social.

El principio  del  derecho   natural:  que  afirma  la  existencia  de  un  orden   en  la naturaleza, de la ley natural, y de su origen divino. De este principio se deriva el tema básico del destino  universal de  todos  los bienes materiales creados  para  todas  las personas y para todos los pueblos.






Estos  cuatro   principios  originarios, son las bases de cimentación de toda la mentalidad social, a partir de ellos tomamos conciencia de que:
-     la promoción  de  la caridad, y con  ella de  la justicia, son  dimensiones constitutivas de la fe, por tanto de la evangelización;
-     La importancia y dignidad de toda persona humana nos lleva al empeño de liberar y liberarnos de toda esclavitud, como parte del designio de salvación integral querida por Dios;
-     La presencia activa de los cristianos en la construcción de un mundo “para todos/as”  respetuoso  con  la creación,  es  exigencia de  la fe que  supone caminar por los senderos de la liberación integral.


b)  Principios derivados

La primacía de la persona  humana:

La dignidad de la persona es el principio sobre el cual se organiza toda la DSI. Ninguna persona es más digna que otra, y no hay ningún proyecto político, económico, cultural o social válido si no tiene como base ética común el principio de la dignidad de la persona.

Afirmar la primacía de la persona es afirmar que las estructuras  sociales y las instituciones sólo tienen razón de ser en la medida que se orientan a la promoción y desarrollo integral y solidario de la persona humana.  Todos los bienes de la tierra deben ordenarse en función de la persona humana, centro y cima de todos bienes.

El principio  de solidaridad:

La  naturaleza de la persona humana es social.  La solidaridad  es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir por el bien de todos y todas y de cada uno y una, para que todos seamos verdaderamente  responsables de todos. Por solidaridad vemos al otro/a sea persona, pueblo nación, como un semejante nuestro.

La práctica de la solidaridad para con los pobres y de los pobres entre si es la forma de vencer los mecanismos perversos  que mantiene las sociedades insolidarias. La solidaridad es una virtud personal y social capaz de crear energías y condiciones para la justicia social,  frente a la lógica del individualismo, la competitividad, los beneficios de unos pocos a consta de la mayoría.

El principio  de subsidiariedad

La subsidiariedad impide que las personas  y grupos intermedios pierdan su legítima autonomía. De aquí se sigue que a todo  aquel que desea realizar obras buenas, orientadas al bien común, los poderes públicos deben concederle libertad para que las realice y prestarle la ayuda necesaria.

Según el principio de subsidiariedad una estructura social de orden superior no debe inferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándola de sus competencias,  sino que más bien debe sostenerla en caso de necesidad y ayudarla a coordinar su acción con la de los demás componentes  sociales, con miras al bien con.


El deber  de justicia y caridad se cumple cada vez más contribuyendo cada uno al bien común según la propia capacidad y la necesidad ajena promoviendo y ayudando a las instituciones así blicas como privadas, que sirven para mejorar las condiciones de vida del hombre.


Derecho-deber a la participación  democrática  

La participación se fundamenta en la igualdad fundamental de todos  los hombres. La democracia  es  el  sistema  político que  mejor  garantiza la  participación económica, política, cultural. Religiosa, recreativa, legislativa…de todos  los ciudadanos. No puede existir verdadera  sociedad que  parta  sólo  de  arriba, creada  por  la imposición o  la manipulación de un Estado, padre o benefactor, que todo lo prevé lo planifica y dirige.

El bien  común, ligado a la cuestión ecológica

En relación a la cuestión ecológica, la naturaleza es un bien común, propiedad de toda la  humanidad,  y  la  práctica  de  la  salvaguarda de  la  creación   es  también  una responsabilidad común (CDSI 451-487)

Es preocupante, junto con el problema del consumismo, y estrictamente  vinculado con él, la cuestión ecológica. La persona, impulsada  por el deseo de tener y gozar, más que de ser y de crecer, consume de manera excesiva  y desordenada los recursos  de la tierra y de su vida misma.

La primacía del trabajo sobre los beneficios del capital

El  trabajo  de la persona  hace que esta  sea creadora  y legítima consumidora  de los bienes  producidos;  es  intrínsicamente  perverso   explotar  a  los  trabajadores/as  en beneficio del capital. Los cristianos/as deben ponerse  al frente de la defensa de los derechos  de los trabajadores/as  y de sus familias: salario justo, descanso, garantías sociales, seguridad social, empleo digno, etc.

La opción preferencial por los pobres

La enseñanza  social de  la Iglesia está  pensada y escrita  con  el objetivo  último de defender  los derechos  de los pobres. La solidaridad con los  pobres  y de los pobres   entre   es la señal de la fidelidad de los cristianos y de toda la Iglesia al Evangelio de
Jesús

En la protección de los derechos  individuales se habrá de mirar principalmente por los débiles y los pobres.  La gente rica, protegida  por sus propios recursos, necesita  menos de la tutela pública; la clase humilde, por el contrario, carente de todo recurso, se confía principalmente al patrocinio  del Estado. Este deberá, por consiguiente,  rodear de  singulares  cuidados y providencia  a los asalariados,  que se cuentan entre la muchedumbre desvalida.  

Quiero señalar aquí la opción o amor preferencial por los pobres… este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza  de un futuro mejor: no se puede olvidar la existencia de esta realidad.

La lucha  por la justicia

Los cristianos/as no pueden cruzarse  de brazos esperando  que la justicia caiga, por encanto, de las manos de Dios. No es una lucha “Contra  alguien” sino a favor  de la mayoría de los pobres  y sencillos del pueblo. Dios ilumina y fortalece  a quienes se comprometen  y dan la cara, a quienes tienen hambre y sed de justicia.

El amor  por el hombre y, en primer  lugar, por el pobre, en el que la Iglesia ve a Cristo, se concreta en la promoción de la justicia no se trata solamente de dar lo superfluo,  sino de ayudar a pueblos enteros —que están excluidos o marginados— a que entren en el círculo del desarrollo económico  y humano. Esto será posible  no sólo utilizando  lo superfluo  que nuestro mundo produce en abundancia,  sino cambiando  sobre todo los estilos  de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad.

El ejercicio   de la libertad  y  la liberación  de las estructuras  de pecado

La libertad no es algo dado sin más, la libertad se construye y crece. Hay que superar el  concepto   individualista de   libertad,  somos   libres  cuando   las  libertades   son compartidas por  todos/as.  La construcción  de la libertad es un proceso  solidario de liberación: liberación del egoísmo sociopolítico, económico, cultural… Liberación del pecado  individual y social y de  las consecuencias del pecado  en  las personas  y las estructuras de la sociedad.

La suma de factores  negativos, que actúan contrariamente a una verdadera conciencia  del bien común universal  y de la exigencia  de favorecerlo,  parece crear, en las personas e instituciones, un obstáculo difícil de superar… se debe hablar de « estructuras de pecado », las cuales se fundan en el pecado  personal y, por consiguiente, están unidas siempre a actos concretos  de las personas,  que las introducen,  y hacen difícil  su eliminación.


La paz fruto de la justicia

La  paz es  la  base de  la  convivencia social y política. Pero  la  paz de  una sociedad, reconciliada y fraterna,  no existe sin justicia. La injusticia es la gran fuerza destructora de la paz. La paz y la justicia caminan junta abrazadas.

No hay que olvidar  tampoco que en la raíz de la guerra  hay, en general, reales y graves razones:  injusticias sufridas, frustraciones  de legítimas aspiraciones, miseria o explotación de grandes masas humanas desesperadas, las cuales no ven la posibilidad objetiva de mejorar sus condiciones por las as de la paz. Por eso, el otro nombre de la paz es el desarrollo. Igual que existe la responsabilidad  colectiva de evitar la guerra, existe también la responsabilidad colectiva de promover el desarrollo.


ACTIVIDAD:

Ponemos en práctica el principio: LA OPCION PREFRERENCIAL POR LOS POBRES

Instrucción:

1.      El docente hace uso las TICs, para seleccionar vídeos   alusivos  a la crisis mundial de pobreza en que viven muchas personas y dialogan sobre lo visualizado.


2.      Las alumnas se organizan en grupo y siguiendo la ruta de la metodología: VER – JUZGAR – ACTUAR, se preparan para conocer la realidad, identificar a su prójimo y asistirlo.
3.      Las alumnas informan sobre esta experiencia, utilizando la tecnología como cámara fotográfica y filmadora.
4.      Luego usan la  redes sociales para promover la concientización cristiana del público en general.
5.      Visualización de blog: http://ie35eduvigisnoriegadelafora.blogspot.pe/












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