miércoles, 27 de abril de 2016

Tema 4

EL ATEISMO
El término "ateísmo" es la negación de Dios.

El humanismo ateo: considera falsamente que el hombre es "el fin de sí mismo, el artífice y alma único de su propia historia".

El ateísmo material: El hombre, deslumbrado por los avances en la ciencia y en el saber, pensó que no hay otra realidad sino la material.

El ateísmo filosófico: produjo el "ateísmo humanista" que cree en la capacidad y el valor del hombre sin Dios. 
Pensadores ateos:
Ludwig Fuerbach (m.1872): La conciencia humana es auto-conciencia y Dios no es más que la proyección de la especie humana. 

Karl Marx (m. 1883): La religión es el resultado de contradicciones en el mundo económico y social que deben ser destruidas por la revolución. De ese modo se eliminará a Dios que es una alienación. “La religión es el opio del pueblo”. 

Friedrich Nietzche (m.1900): La realidad central del hombre es la ambición del poder. Dios es un factor que limita que el hombre se desarrolle en el Uber-mensch (super-hombre). Anunció la realidad cultural de la muerte de Dios: "La creencia en el Dios de los cristianos ya no es creíble".

 Sigmund Freud (m.1939):  También percibía al Dios providencial como una "proyección de edipo" de la debilidad humana que busca la figura del padre protector y amenazante.
Complejo de edipo: En el psicoanálisis, inclinación sexual del hijo hacia el progenitor del sexo contrario, acompañado de hostilidad hacia el del mismo sexo. Refiriéndose a las niñas suele llamarse complejo de Electra. Cuando adulto es y abandona la protección de los padres, es cuando busca a alguien superior inventando a Dios.

Jean-Paul Sartre (m.1980) perciben a Dios como una contradicción y una limitación intolerable a la auténtica libertad humana.

Los positivistas: Solo se cree en aquello que puede someterse a la comprobación del laboratorio. Si el dios de los creyentes no se deja someter a una experiencia científica, es porque no existe.

El ateísmo cristiano: Es creer en las enseñanzas cristianas pero negando la divinidad de Cristo.

El ateísmo teológico: Es creer en un dios falso, según el modo de haber concebido a Dios.
Qué Responde la Iglesia frente al ateísmo?
Rechazar la existencia de Dios es un pecado contra el Primer Mandamiento. 
En cuanto rechaza o niega la existencia de Dios, el ateísmo es un pecado contra la virtud de la religión. La imputabilidad de esta falta puede quedar ampliamente disminuida en virtud de las intenciones y de las circunstancias. En la génesis y difusión del ateísmo "puede corresponder a los creyentes una parte no pequeña; en cuanto que, por descuido en la educación para la fe, por una exposición falsificada de la doctrina, o también por los defectos de su vida religiosa, moral y social, puede decirse que han velado el verdadero rostro de Dios y de la religión, más que revelarlo".
Con frecuencia el ateísmo se funda en una concepción falsa de la autonomía humana, llevada hasta el rechazo de toda dependencia respecto a Dios.  Sin embargo, "el reconocimiento de Dios no se opone en ningún modo a la dignidad del hombre, ya que esta dignidad se funda y se perfecciona en el mismo Dios". "La Iglesia sabe muy bien que su mensaje conecta con los deseos más profundos del corazón humano".
Los creyentes también somos culpables si damos mal ejemplo o falsificamos la doctrina.
Actividad:   
1. Lectura rápida de manera individual.
2. En pareja desarrollar las siguientes preguntas:  
1.        Qué diferencia encuentras entre humanismo ateo y ateísmo material?
2.        Qué dice Karl Marx sobre la religión?
3.        Cómo podemos contradecir a Marx?
4.        Qué quiso decir Sigmund Freud cuando comparó a Dios providencial con una proyección de Edipo?
5.        Qué afirman los positivistas?
6.        Explique por qué se habla de un ateísmo cristiano?
7.        Explique por qué se habla de un ateísmo teológico?
8.        Qué responde la iglesia frente al ateísmo?
9.        Cómo debe ser nuestra postura como cristiano frente a un ateo?

3. Exhibe sus respuestas en cartulina pegadas en la pizarra para socializar.  

4. Socializa sus respuestas exponiendo ante sus compañeras:  

5.  En grupo, elabora una defensa de Dios frente a un ateo. Utiliza una combinación de frases con citas Bíblicas. – Luego, exhibe tus respuestas. (Se reparte cartulina y plumones)

Frases:
·         “Un poco de ciencia aleja de Dios pero mucha ciencia devuelve a Él”.  Louis Pasteur
·         “Si no existiese Dios, tampoco los ateos”.  Chesterton
·         “Ciencia sin conciencia no es más que la ruina del alma”.  Rabelais
·         “Un ateo puede ser simplemente una persona en la cual su fe y su amor están concentrados en los aspectos maravillosos de la creación de Dios”.  Weil
Citas bíblicas:
·       Sal 14, 1
·       Sal 19, 1
·       Sal 53, 1
·       1 Jn 4, 8
·       Jn 6, 44
·       Rom 1, 19 – 20
·       1 Co 2, 14
·       1 Co 10, 14-15
 








martes, 5 de abril de 2016

Observa el vídeo y responde a la pregunta utilizando el recuadro de "comentarios" y publicas.



¿ Por qué es mejor ser buenos en la vida...?

Tema 2:


I.      POSTMODERNIDAD
En los comienzos de la década de los 80, se da el inicio de una nueva etapa en la historia que, a falta de mejor etiqueta, denominaremos post-modernidad.
La Iglesia ha venido así a encontrarse en la paradójica situación de salvadora de la modernidad, según el paradigma del Samaritano, precisamente cuando acababa de reconciliarse con ella. Parece que se hubiera cumplido una vez más la famosa observación del sociólogo norteamericano Peter Berger: quien se desposa con el espíritu de los tiempos, bien pronto se quedará viudo.
La condición post-moderna, es la negación de los absolutos que fundamentan la modernidad (razón, ciencia, técnica, revolución, estado, moral, religión, partido, clase social o raza), y la renuncia, ante todo, a la verdad, sustituida por el pensamiento débil, un conocimiento parcial, errático, fragmentario.
El hombre postmoderno de la época de la televisión digital y satelital, la era de Internet, pierde la noción de discurrir en virtud de la simultaneidad, y con ella, la memoria de los acontecimientos.
Esta es la nueva época en la que la Iglesia tiene que dar una vez más el paso hacia los bárbaros, en un gesto audaz y lleno de espíritu evangélico.
Cuáles son las esperanzas, a veces ocultas, de los hombres de nuestro tiempo, a las cuales el Evangelio puede dar respuesta, más aún, la única respuesta posible. Podemos identificar siete grandes desafíos para la Iglesia en este comienzo de milenio.
La post-modernidad se caracteriza por la aparición de una nueva racionalidad. La razón autónoma. El hombre postmoderno es hedonista y consu­mista, como le enseña el sistema. Nuestro hombre compra cada mañana una cosa nueva y a la tarde la tira porque es vieja. Prefiere un pensamiento débil y fragmentario que no le comprometa a nada.
Es precisamente en la concepción de la verdad y de la razón donde con mayor fuerza se deja sentir la crisis de la post modernidad, contentándose con verdades parciales y fragmentarias.
El cristianismo, en cambio, se presenta con algunas exigencias filosóficas irrenunciables, que Juan Pablo II ha expuesto en la encíclica Fides et Ratio (fe y razón). La religión del Logos encarnado no puede renunciar a la razón y a la pretensión de hallar la verdad toda entera. En  el Evangelio de Juan 16, 13 dice: “Y cuando venga El, el Espíritu de la Verdad, los llevará a la verdad total”. El cristiano no puede renunciar al anuncio de la verdad, convencido de que la necesidad más radical del hombre es saciar el hambre de verdad, y que la peor forma de corrupción es la intelectual, que aprisiona la verdad en la injusticia, llamando al mal, bien e impidiendo el conocimiento de la realidad tal y como es.
¿Cómo reconciliar la religión del Logos encarnado, cuya pretensión fundamental es la de ser religio vera (si la religión es la verdad), con una cultura que ha renunciado a toda pretensión de conocer la verdad?.  Este es el desafío que tenemos planteado: no ya la verdad, sino una cultura de la verdad. En esta cultura de la verdad, es posible reconciliar la razón y el sentimiento que la postmodernidad juzga incompatibles. Y así, paradójicamen­te, San Agustín se vuelve más actual que nunca, al realizar en su vida la unión entre la verdad y el sentimiento. Agustín dice «ve adonde tu corazón te lleva» —como reza el título de la novela de Susanna Tamaro—, «es decir, hacia la verdad». 
2.            Anunciar a Jesucristo en la era del New Age
Íntimamente vinculado al desafío an­terior está el que constituye anunciar a Jesucristo en una era de religiosidad sal­vaje. Se ha hablado mucho en los últimos tiempos del «retorno de Dios», como si Dios hubiera estado alguna vez lejos del mundo y del hombre.  La cuestión no está en saber si nuestro tiem­po creerá o no, sino en qué creerá. La post-modernidad representa  el regreso triunfal de los dioses. No del Dios personal que se ha revelado en Jesucristo, sino de los “dioses”;  como la magia, el ocultismo y el preocu­pante aumento de las sectas satánicas. Umberto Eco, tiene razón cuando cita al gran Ches­terton para describir la paradoja actual: «Cuando los hombres dejan de creer en Dios, no es que no crean en nada. Creen en cualquier cosa.
Se trata del regreso de una religiosidad salvaje, que el cardenal Lehmann ha defi­nido «teoplasma», una especie de plastilina religiosa a partir de la cual cada uno se fa­brica sus dioses a su propio gusto, adap­tándolos a las necesidades propias.
Se plantea ante nosotros el desafío: ¿cómo anunciar en medio de este escoria religiosa, en el gran supermercado del bri­colaje religioso, a Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, que ha dejado la Iglesia en la tierra como signo y conti­nuadora de su misión entre los hombres? Aquí es donde se requiere toda la audacia del evangelizador, como lo puede ser el diálogo, como actividad inteligente, según la llamaba Pablo VI, es un camino hacia la verdad, a la que se llega a través de la ex­periencia del encuentro entre personas, y cuanto mayor y más profunda sea la experiencia de Dios de quienes dia­logan, tanto mayores cotas de autentici­dad alcanzará. El diálogo no puede nunca renunciar a presentar a Jesucristo buscando hacerse aceptar más fácilmente. 
El tercer gran desafio de nuestra época tiene como objeto directamente al hom­bre. El inicio del Milenio nos sorprendió con el anuncio oficial hecho por F. Collins y C. Venter, del desciframiento completo del genoma humano. Unos meses des­pués llegan voces confusas de que en al­gunos centros de investigación se han modificado genéticamente algunos em­briones durante el proceso de fecunda­ción ¡n vitro.  Debemos rendirnos a la evidencia: la donación reproductiva de seres huma­nos es técnicamente posible, y será muy difícil evitar que algún grupo de científi­cos, empujados por un deseo prometeico de traspasar una frontera hasta ahora considerada inviolable, se decidan a do­nar un gen humano. Esto no ha logrado impedir la difusión de una mentalidad que considera al hombre como objeto, y no como sujeto, y por tanto, capaz de ser manipulado o modificado para adaptarlo a los estándares de pro­ducción.
Está por otra parte la desintegración del modelo familiar. La aprobación de leyes reguladoras de las parejas de hecho en toda Europa, y cuyo último e inconfesado fin es el de equiparar las uniones entre homosexuales al matrimonio monoparen­tal. El aumento espectacular de matrimo­nios deshechos, de uniones irregulares, con hijos procedentes de diversos padres... todo tiene un profundo impacto en la so­ciedad. Cada uno confi­gura su propia orientación y comporta­miento sexual libremente, sea heterose­xual, homosexual o bisexual, como un de­recho ejercido libremente. Y al mismo tiempo, la presión será cada vez mayor contra quien ose desafiar la medi­da social impuesta, es decir, contra las fa­milias: unidas, estables y abiertas a la vida, desde su concepción hasta su fin natural.
El desafío a enfrentar es saber cómo hace la iglesia para defender la familia cristiana y denunciar con el 6to mandamiento en mano que hay conductas contrarias a lo que Dios quiere y que cada vez parece que fuera normal llevar una  vida sexual libertina.  A este hombre del siglo XXI, prófugo, vagabundo de afecto, es a quien hay que anunciar el misterio de la íntima comuni­dad de personas en Dios Trinidad, la En­carnación del Hijo en el seno de una fa­milia.
¿Cómo ser cristiano en un mundo globalizado? Un vistazo somero a los periódicos y a las agendas culturales nos confirma que «globalización» es la palabra de moda en los foros y seminarios de discusión inter­nacional. La globalización económica y cultural es un fenómeno sumamente complejo que estamos tratando de desci­frar. Prueba de esta complejidad pro­cedentes de todo el planeta, y ello gracias al principal motor de la globalización, que es la Internet.
Por eso el juicio acerca de la globaliza­ción ha de ser prudente. Contiene ele­mentos muy positivos, que facilitarán enormemente el intercambio entre pue­blos diversos, y también —¿por qué no?— el anuncio del Evangelio.
Para la Iglesia, el compromiso principal en la hora actual está en la defensa de los débiles, especialmente de los nuevos es­clavos que la globalización está produ­ciendo. Estamos ante un fenómeno mi­gratorio sin precedentes en la historia de la humanidad. El descenso de la natalidad en Europa y el aumento de la demanda de mano de obra, hacen necesaria la llegada de trabajadores extranjeros. Según datos recientes, se calcula que para el año 2050, un país como España tendrá cerca de 13 de millones de trabajadores extranjeros.
La experien­cia de los errores del pasado debería ayu­darnos a no ignorar el drama de los milla­res de trabajadores que cruzan cada mes la frontera o el océano buscando simplemente huir del espectro del hambre. ¿Sabrá la Iglesia estar al lado de los nuevos esclavos del siglo xxi? ¿Pa­sará la Iglesia del siglo xxi a estos nuevos bárbaros, y dar lugar a una nueva síntesis capaz de fecundar con nuevos valores la cultura europea decadente? He aquí el desafío.
Esto nos lleva directamente a otro gran compromiso de la hora actual: la presen­cia de la Iglesia en una sociedad multicultural y pluralista. El imparable flujo de emigrantes procedentes de ambientes culturales diferentes, no sólo provocará un profundo cambio social, sino también cultural. El respeto a la identidad cultural de los recién llegados no puede ponerse en discusión. 
El mensaje de Año Nuevo del Santo Pa­dre, dedicado precisamente al diálogo en­tre las culturas, ofrece al respecto pautas iluminadoras. Nos exige ser a la vez audaces en el diálogo intercultural, sin re­nunciar a la propia identidad. Un país que renuncia a su propia memoria colecti­va, está condenado a vivir bajo la dictadu­ra de lo social, que es el imperio del pre­sente, en el que los muertos no tienen voz y sólo cuentan los vivos. De todas las ne­cesidades del alma humana —escribe Simone Weil—, ninguna es tan vital como el pasado, que no consiste en querer vivir en otra época, sino en conservar un vínculo y escapar a la tiranía del presente.
Cuando a la base del modelo pluralista existe únicamente una concepción relati­vista de los valores, la democracia se ve amenazada en sus mismos fundamentos. La democracia tal y como la conocemos, ha surgido sobre la base de un sistema de valores impregnado, en mayor o menor medida, por una concepción cristiana del hombre y de la sociedad. Nuestras demo­cracias en Europa están enfermas, preci­samente por su patética desvinculación del sistema de referencia a partir del cual han sido engendradas. Es urgente devol­ver un alma a nuestras democracias, pro­piciar un profundo rearme ético que ten­ga en cuenta sus raíces profundas. La Iglesia, como experta en humanidad y co­nocedora a fondo del corazón humano, tiene mucho que decir en la tarea de for­mar una conciencia cívica y política. No es el sueño nostálgico de un protagonis­mo perdido, sino la conciencia del papel que tiene que desempeñar en el sistema democrático.  
 Llegamos así a la revolución informáti­ca, que está transformando a marchas agigantadas nuestro modo de acceso al mundo. En muy pocos años, hemos asistido a un desarrollo impresionante de las técnicas de comunicación a distancia, y a la crea­ción de una red mundial, Internet. Paul Ricoeur, el infatigable buscador del senti­do de las cosas, hace un diagnóstico im­placable del mal de nuestro tiempo: hay una hipertrofia de los medios y una atrofia de los fines. Hay demasiados medios para los escasos y raquíticos fines que se proponen en nuestra sociedad. Tenemos mucha información, sabemos más, pero esta información no nos hace más sabios, ni por tanto, mejor.
La Iglesia vive en este mundo, usando estos medios de comunicación. No puede prescindir de ellos, pues su misión prime­ra y esencial es comunicar una Buena No­ticia. Es posible establecer una simbiosis fecunda en la que la Iglesia del recuerdo, de la sabiduría y del gozo puede salvar a los medios de la transitoriedad, la disper­sión y el ocio sin sentido; y a su vez, los medios pueden aportar a la Iglesia frescu­ra, atención al mundo contemporáneo y un modo atractivo y agradable de comu­nicar el anuncio de Jesucristo. La Iglesia, que es comunicadora por excelen­cia, puede aprender mucho de los medios de comunicación. Los medios, que viven de lo temporal, pueden aprender de la Igle­sia, que es experta en humanidad.
7.         La tutela del medio ambiente
El desarrollo de la economía y el ago­tamiento de ciertos recursos naturales han colocado en primer plano la urgencia por la conservación del medio ambiente. El cambio climático, el efecto invernadero, el avance de la desertización, han dejado de ser problemas teóricos para convertirse en una preocupación de todos. Es una nueva conciencia ecológica, llena de in­coherencias, pues al mismo tiempo que nos preocupa la contaminación y pérdida de ambientes naturales, y soñamos con el encanto de una vida en contacto con la naturaleza, estamos dispuestos a hacer bien poco por renunciar a las comodida­des responsables del desgaste medioam­biental: no queremos renunciar a las autopistas, ni a la calefacción en invierno, ni al aire acondicionado en verano.
Para la Iglesia, esta nueva conciencia ecológica es un desafío y una oportuni­dad: conducir al hombre hacia la trascen­dencia, enseñándole a recorrer el camino que parte de la experiencia de la creación y desemboca en el conocimiento del crea­dor, superando la tentación de divinizar la Tierra. La Escritura y el ejemplo de algunos santos, cuyo paradigma es San Francisco de Asís, ofrecen puntos de apoyo para esta evangelización de la ecología.
III.              LA RESPUESTA DE LA IGLESIA
¿Cuál ha de ser la respuesta de la Iglesia ante estos desafíos?  ¿Cómo apro­vechar las nuevas circunstancias para anunciar a los hombres a Jesucristo?  La respuesta viene dada por la palabra  santidad.
Bien entendido significa que el principal desafío para la Iglesia no está fuera, sino dentro de ella misma. Su tarea principal, antes que cualquier otra, es acoger el Evangelio con más fidelidad, con más radicalidad aún, dejarse purificar por la Palabra de Dios. La Iglesia del siglo XXI, ha de ser sobre todo cristiana, es decir, más de Cristo. Naturalmente, al hablar de santi­dad, se trata de la respuesta personal de los hijos de la Iglesia a la Palabra de Dios. Antes que preguntarnos  por la adopción de nuevas estrategias, la creación de nuevas estructuras, tenemos todos que hacer una humilde confesión de culpa y emprender el camino de la propia conversión.
San Juan de Ávila un hombre del Post-concilio reformador de la Iglesia en España, escribía en sus memoriales al Concilio de Trento que los sabios decretos de reforma promulgados por el Concilio servirían de bien poco sin hombres refor­mados interiormente que los llevaran a cabo. Por eso se ha hablado también en el Consistorio de la urgencia de transformar la Iglesia, no sólo en una Iglesia para los pobres, sino en una Iglesia pobre, es decir, más confiada en la fuerza del Espíritu Santo y apoyada en su acción que en sus propios métodos, estructuras e instituciones. Una Iglesia pobre, que no renuncia a usar los medios que Dios le da para desempeñar su misión, pero no pone en ellos su esperanza ni su salvación.

No nos es dado hacer profecías respec­to al futuro. No sabemos si nos aguarda una nueva era martirial, o si conoceremos una nueva primavera de fe en nuestros tiempos. La fe no cono­ce un progreso lineal de una época a otra. En cierto sentido, en cada generación la fe es la semilla de mostaza insignificante y siempre amenazada. Cuenta sin embar­go con la presencia de su Salvador y del Espíritu Santo, que no deja de suscitar nunca nuevos santos, hombres y mujeres que aportan soluciones nuevas y creativas a los desafíos de su tiempo. Esta es la fuerza y la esperanza de la Iglesia, la vic­toria que vence al mundo: nuestra fe. La fe que devuelve la vida a los muertos, hace ver a los ciegos y caminar a los paralíticos, la fe que cura los corazones des­garrados y da una palabra de aliento al abatido.

Resolución de la Actividad sobre la modernidad... compara tus respuestas...

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD GRUPAL SOBRE LA IGLESIA FRENTE A LA MODERNIDAD
1.       Elabora un cuadro sinóptico sobre
2.       Qué es el Concilio Vaticano II?
El Concilio Vaticano II fue un concilio ecuménico de la Iglesia católica convocado por el papa Juan XXIII, quien lo anunció el 25 de enero de 1959. Fue uno de los eventos históricos que marcaron el siglo XX.
El Concilio constó de cuatro sesiones: la primera de ellas fue presidida por el mismo papa en el otoño de 1962. Él no pudo concluir este Concilio ya que falleció un año después, (el 3 de junio de 1963). Las otras tres etapas fueron convocadas y presididas por su sucesor, el papa Pablo VI, hasta su clausura en 1965. La lengua oficial del Concilio fue el latín.
El Concilio se convocó con los fines principales de:
·       Promover el desarrollo de la fe católica.
·       Lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles.
·       Adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo.
·       Lograr la mejor interrelación con las demás religiones, principalmente las orientales.

3.       A qué se llama paganismo?

Es un conjunto de creencias milenarias basadas en la idea del equilibrio entre las fuerzas de la Naturaleza y la armonización que los seres vivos tienen con estas. Tiene como fundamento, la creencia en la dualidad existente en todas las cosas, reconocida como Energía Activa y Energía Pasiva. Naturalmente no les interesaba respetar las leyes judías ni creencias cristianas.

4.       A qué llamó Juan XXIII, “profetas de desventuras”?

A las personas negativas, pesimistas que  «creen ver sólo males y ruinas en la situación de la sociedad actual. Repiten constantemente que nuestra época va de mal en peor en comparación con el pasado. Hay quienes predican en nombre de Dios solo las desgracias del mundo para convencer de esa manera a que la persona se convierta; eso se llama “el evangelio del terror”. Lo que Dios quiere es predicar con las cosas buenas del mundo; es decir con el “evangelio del amor”.

5.       El Cardenal Newman, concluyó sobre cada tiempo aparecido: “la suerte del cristianismo, que la causa de Cristo agoniza siempre”. Qué quiso decir el Cardenal?

Que las nuevas épocas o tiempos que aparecen en el mundo, ofrecen cosas materiales y culturales que parecen más atractivas que el cristianismo; de tal suerte que parece que el cristianismo disminuyera o agonizara. Pero es conveniente recordar las palabras de Cristo expresadas a Pedro: “Pedro tu eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi iglesia y las puertas del infierno no podrán vencerla”.



6.       Cómo ha reaccionado la Iglesia frente a los tiempos nuevos que le ha tocado vivir?

La Iglesia ha reaccionado siempre con un gesto audaz, lanzándose a evangelizar los tiempos nuevos que le ha sido dado vivir. Ha contemplado el panorama mundial, ha reflexionado colectivamente y actuado con inteligencia, con estrategias e iluminados constantemente por el Espíritu Santo.

7.       Ofrezca un ejemplo de la reacción de la Iglesia frente a los cambios de tiempo?

La Iglesia, ligada al Imperio Romano desde los tiempos de Constantino, mientras lo veía derrumbarse bajo los golpes de los bárbaros, supo ir con audacia evangélica al encuentro de los invasores germánicos y convertirlos a la Buena Noticia del Evangelio.

8.       Qué intentó el Concilio Vaticano II?

El Concilio ha sido el intento de reconciliar a la Iglesia  en su apertura al mundo de hoy, no ha hecho sino un poderoso esfuerzo de discernimiento para tratar de acoger cuanto de bueno y positivo ha creado nuestro mundo, recorriendo a veces caminos lejanos de la Iglesia.

9.       La frase del Papa Pablo VI: “La religión del Dios que se ha hecho hombre se ha encontrado con la religión del hombre que se hace Dios”. Cómo entiendes esta expresión?

“La religión del Dios que se ha hecho es hombre” es la religión cristiana católica. Y la religión del hombre que se hace Dios, es cuando el hombre a pesar que se reconoce creyente, se endiosa en sí mismo, se cree poderoso y se siente dios.

10.    La antigua historia del Samaritano ha sido el paradigma de la espiritualidad del Concilio. Por qué Pablo VI compara al Concilio con el Buen Samaritano?

Samaritano:  EL Concilio Vaticano II

Víctima: Hoy todos las personas, cualquiera puede ser víctima.

Los ladrones: Todo lo que oferta los tiempos nuevos: moda, música, dinero, diversiones, placeres, etc. Que golpea a la persona hasta dejarla inconsciente, es decir hasta que no se da cuenta de lo que está pasando a su alrededor.

Los indiferentes: Las personas insensibles, desinteresadas, egoístas, etc